Piano, Piano...

¿Estoy lista para tomar el siguiente paso?

 

Es el inicio del año 2016 y estoy pensando seriamente en ampliar mis estudios de joyería en Florencia, Italia. Por algún tiempo he estado buscando en secreto opciones de "escuelas académicas de joyería" en Sudáfrica. A medida que lo pienso más, me doy cuenta de que no me emociona la idea de volver a la universidad durante otros 4-5 años al menos... Ya estuve ahí, ya lo hice. Sé que esa no es la actitud correcta, no me malinterpretes, seré por siempre una estudiante, pero a veces cuestiono el sentido de tales formalidades. Después de todo, mi título de maestría sigue llenándose de polvo en mi estante después de todos estos años...

 

La vista desde mis paseos en las tardes, 'Ponte Vecchio' al fondo.

  

A principios de septiembre del 2016, me encuentro en un vuelo de Johannesburgo a Italia. De alguna manera, logré hacer todos los arreglos necesarios en mi trabajo y casa para tomarme unos meses libres y hacer de esa idea una realidad.

 

Afuera de la escuela "Metallo Nobile"

 

Aunque no podía hablar italiano y el curso se impartía en ese idioma, me sentía preparada para empezar esa aventura. Mientras estaba sentada en ese avión recuerdo claramente pensar: 'haré un plan', como dice el refrán sudafricano, sintiéndome como si hubiera nacido para esto. Lo sé, a veces puedo ser bastante cursi... 

 

Practicando  tallado en cera en la escuela

 

Durante los siguientes meses, volví a ser estudiante y me dediqué a aprender el arte de trabajar con metales preciosos y diferentes técnicas antiguas de joyería florentina. Estaba 100% concentrada en mis estudios, a menudo quedándome despierta para practicar hasta las tres de la madrugada en el apartamento en el cual me estaba hospedando.

  

Comida y más comida...

  

Llené mi alacena con buen pan, ñoquis, aceitunas negras, cherry tomates, albahaca, y mantuve siempre en mi refrigerador bolas grandes de "mozzarella di bufala", alcachofas y un paquete de seis mini proseccos en todo momento (¡no podían faltar!).

 


Las calles en "Firenze"

 

Empecé a disfrutar del sonido de la música de ópera de fondo en el estudio (nunca antes había pasado mucho tiempo escuchándola) y, después de clases, caminaba por horas en las calles de Florencia. Pasé mucho tiempo admirando la ciudad y mirando a través de las ventanas de las pequeñas tiendas, donde todavía se realiza el trabajo de restauración de candelabros, generalmente por parte de artesanos mayores.

  

En las dos raras ocasiones que fui de viaje durante ese tiempo. A la izquierda, visitando Venecia y a la derecha viajé a Roma y me encontré con una buena amiga.
 
Ya que mi tiempo era limitado, decidí no viajar mucho y aprovechar al máximo el curso. Solo en dos ocasiones no pude resistirme y me fui durante el fin de semana.

La hora del café

 

En los recesos de clase me escapaba en búsqueda de “brioche, espresso y gelato”, aprendiendo el arte de "la bella vita" mientras caminaba por "Ponte Vecchio".

  

Practicando en la escuela

Cuando pienso en esa experiencia 4 años después, me doy cuenta que, lista o no, ese era el instante perfecto para dar ese paso. Mentalmente, fue el momento en el que pude elegir qué hacer y adónde ir. Ahora reconozco como en mi vida las cosas siempre son apuradas; como rápido, camino rápido, trato de hacer un millón de cosas rápido, siempre ha sido una prisa y no estoy seguro de por qué. Es cuando me apresuro que trato de recordar lo que me decía mi profesor cada 20 minutos: "piano, piano"(despacio, despacio) Daniela.

Ahora sé que a veces está bien dar un paso atrás, reiniciar e ir lento. Las cosas que valen la pena toman su tiempo.

 

 

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